viernes, 5 de abril de 2013

Los mandatos internos
Escuché recientemente que una idea es el virus más peligroso para el ser humano, la frase en realidad aparecía en una peli pero me dejó´reflexionando acerca de los mandatos internos que se alojan en mi subcosnciente y aún no logro comprender por qué los percibimos como algo tan propio de nosotros siendo que muchos de ellos son mandatos que nos han dado nuestros padres o familiares o quienes hayan estado allí mientras crecíamos.
Hace poco tiempo me di cuenta que el principal mandato que llevo dentro es resolver, cerrar el círculo de abandono que ha existido en mi familia consiguiendo encontrar a alguien que se quede permanentemente conmigo, pero no sólo eso, además, ese alguien debe cumplir con ciertas características como: ser físicamente atractivo, varonil pero no macho, fiel, proveedor y sensible o sea un perfil casi imposible de hombre ( al menos en estos tiempos, no sé si en el pasado los hubo asi).
La única caracteristica que definitivamente ha marcado rumbo en mi desarrollo ha sido la tercera y creo que es un tema ya de por sí polémico, reeducar a un hombre para que aprenda a desarrollar la fidelidad parece una tarea utópica y tener que resolver una cuestión utópica hace de tu propia vida una utopía.
Varias estrategias, terapias, podrian ayudar a abandonar este objetivo, sin embargo la capa mas emocional del ser femenino es demasiado reactiva para ser ignorada y creo que no sólo a mí sino a muchas nos parece un tema incómodo.
En los dos mil años de civilización que los humanos han construído no hemos podido educarnos en la poligamia, que según mi humilde parecer es la realidad tangible de  nuestra naturaleza animal y entonces, las ideas, ese veneno, ese virus nos hacen chocar con la realidad constantemente y originan sufrimiento del que pocos están conscientes y es partir de estas lastimaduras y faltas de respeto hacia la personalidad femenina que deberíamos trabajar, ayudar al hombre a ser empático por todos los medios posibles, a unirse cósmicamente con una pareja y conservarla.
Estoy tratando de salir de la utopía, dando los últimos coletazos quizá con la esperanza de encontrar una alternativa y que las amazonas perdidas del siglo XXI me compartan, se unan o ayuden a recuperar una condición que nos merecemos si es que aspiramos a ser racionales.